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Posts Tagged ‘Fenix-caos’

hinotori - copia

El gañán y el zagal-esto solo podía terminar al kurosawiko modo

De entre todas las obras del padre y maestro del manga Osamu Tezuka, Fénix (Hi No Tori) es la más ambiciosa y enciclopédica- Tan enciclopédicamente cara en su edición de Planeta, por cierto, que he decidido centrarme en adoración algunos de sus (muchos) tomos, particularmente el séptimo y octavo, titulados muy ad hoc Caos.
Si, por intentar resumirlo de alguna manera,la saga Fénix es el intento del maestro por resumir su particular visión del ansia humana por la vida a cualquier precio, encontrar el sentido de la existencia y el afán por la inmortalidad. Encarnados todos ellos en el vistoso, misterioso y esquivo pájaro de fuego capaz de renacer de sus cenizas y pamplinas metafóricas-¿o no? correspondientes, los tomos séptimo y octavo de la saga tiene dos particularidades-para la colección en sí, está el detalle tragicómico de que el pajarraco de marras sólo aparezca en sentido metafórico a lo largo de toda la narración. La otra particularidad se encuentra el asombroso temple del maestro Tezuka para atreverse con un clásico fundacional de la cultura japonesa, el cantar de Heike…. y ponerlo de vuelta y media.

Hacen falta redaños- Sólo Tezuka podía tomar la espada que destruyó al crisantemo, los clanes samuráis que acabaron con el suntuoso mundo del que hablé tiempo atrás con ocasión de las desventuras amorosas del resplandeciente príncipe Genji, el de doña Murasaki….y tirarla al cubo de la basura. Sin contemplaciones. Ni bushidos ni Mishimas que valgan. A la porra, exclama nuestro autor, suficientemente escaldado de honor guerrero-ya lo vimos en Dororo, por la historia japonesa del siglo XX .

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La trama comienza cuando la fatalidad, en forma de brillante bagatela, se cruza en el camino de dos inocentones montañeses, el fornido Benta y la bella Obu. Benta solo desea una existencia apacible de leñador, pero su hermana adoptiva y novia en potencia tiene más ambiciones, y sin comerlo ni beberlo, el destino interviene del modo acostumbrado en las clases ínfimas. La peineta enjoyada que Benta regaló a su churri acaba con la destrucción de su mundo y con Obu convertida en cortesana adoptada, por esta carita que kami le ha dado, como concubina del hombre más poderoso del imperio-Tarira Kiyomori. El hombre que ha llevado a su clan a dominar el país desde los brezos de la Braña.com al ordeno y mando con mano firme.

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Y son muchos Tairas. El orgullo del clan samurai les ha llevado incluso a la jugada de las jugadas-ya vista en el cantar Genji con los Fujiwaras-colar a las hijas en el lecho del emperador, y bingo. Nieto purpurado para rematar faena.
El-a pesar de todo- rudo, montañés y carismático Kiyomori ve que la edad y la enfermedad están aflojando y acelerando el desmoronamiento del clan que él mismo ha levantado, y en el momento de su mayor orgullo. Su único consuelo es Obu, rebautizada Fukiko, en grotesco pero tierno acercamiento de almas montañesas….y el deseo de perpetuarse bebiendo la sangre fresca de un pájaro mítico; y en ello gasta sangre y esfuerzos. y más sangre.

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Mientras Obu acaba asimilada por los Taira, el pobre Benta, buscándola incesantemente con tenacidad osuna se convierte directamente….en la inspiración para una figura legendaria del folklore japonés, el fiel Benkei, cortesía de un monje revenrendísimo e histórico con retranca…que con más retranca aún Tezuka retrata como a un mangaka, sin que sus esfuerzos den mayores resultados hasta que, siguiendo a unos huerfanitos de guerra, la tragedia le lleve directamente a las garritas infantiles de un líder natural, un rapazuelo asilvestrado llamado Ushiwaka

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La fibra, la rabia y el cerebro frente a la inocencia, bondad,  y fuerza bruta de Benta. Sospechosamente culpables ay, de dar una buena somanta al gigante bonachón y lo que es peor, de tenerlo bajo su control como un buey amaestrado. Que es, ni más ni menos, lo que el avispado Ushiwaka considera a Benta en el momento en que le echa el ojo por un motivo fundamental-el chaval es un samurái. A ojos de Tezuka, un cachorrito de lobo. Y no un samurái cualquiera, sino un Minamoto, el clan al que los Taira arrojaron del poder con el baño de sangre correspondiente. Y no un Minamoto cualquiera, sino uno de los hijos del por supuesto escabechinado líder del clan-y no solo uno de los bastantes hijos, sino un héroe histórico legendario del cantar de Heike- Yoshitsune.

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Minamoto no yoshitsune es, todo hay que decirlo, una de las figuras más carismáticas del cantar….precisamente por todo aquello que para Tezuka lo hace un terror desde chavalín. Su mezcla de imprevisibilidad, arranques tácticos y completa implacabilidad son el ejemplo más acabado de la casta guerrera a la que pertenece. La naturalidad y sangre fría con la que un simple criajo domestica, literalmente, al fornido Benta para convertirle en su fiel seguidor, caiga lo que caiga, siendo el pobre Benta de natural dulzón cual leche merengada, es el anuncio de la pesadilla que está por venir. Las guerras Gempei….y cómo el clan Minamoto se cobró minuciosamente su venganza no dejando varón Taira con vida en una de las campañas de exterminio menos disimuladamente disfrazadas de gesta épica que puedan encontrarse. Es decir….. nuestro Yoshi queda muy bien en cantares de gestas, kabukis varios, larguísimos taiga dorama-dramas de época- con bishonen al uso de protas, pero para los sencillos campesinos, para los mismos soldados de a pie, para el bendito Benta, y para Tezuka, el héroe es una condena ambulante y recurrente. Yoshi pierde la-poca-humanidad-que su entrenamiento guerrero le había dejado a medida que sus victorias le acercan a su obsesión. Ganar a cualquier precio. El Yoshi que crece y cumple su destino natural ha olvidado cualquier atisbo de empatía con cualquier ser que no le sea de utilidad.Y, cada vez que Benta intenta llevar una vida normal, ahí está él para llevárselo de carnaza.

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Lo cual nos lleva a la ilusa, pero dedicada Obu, ahora Fukiko, igualmente tan identificada con los oropeles de los Tairas como con el pobre Kiyomori, empeñado en alcanzar la vida eterna de la sangre del fénix-que en esta historia es, simplemente, un pájaro exótico vendido de cambiazo gato por liebre, con los resultados esperables. Resultados que alcanzan al resto de personajes de ambos bandos, todos a la caza y captura de un ente falso. Lo cual nos lleva, repito, a Obu y al destino natural de tanta insensatez-el pasaje que más me ha hecho lloriquear desde que eché un vistazo al cantar 2009, o como ese preciado nieto que el viejo Taira habían finalmente colocado en el trono, el niño emperador Antoku, aún en brazos de su abuela, junto a todas las damas de la corte errante….se “convirtió en un dragón de mar” al ver la batalla final perdida.

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Tezuka no necesitó más sutileza que la carrera por un fénix de pega para mostrar tanto el absurdo de las luchas por el poder como la propia vanidad de nuestras locuras personales-y aún así dio con la manera de superarse a sí mismo. Entre sus guiños anacronísticos-algunos geniales, como llamadas telefónicas (!) dignas de Gila y su descripción de atrocidades que su estilo voluntariamente disneyano ayudan a tragar, nunca olvida sus facultades para la acción en viñeta, que estaban en su apogeo. Así trata la última carga de la legendaria-y embarazada- samurái Tomoe Gozen en ayuda de su señor marido.

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Asombroso.

Y así llegamos al ajuste de cuentas con tanta heroicidad y marcial despropósito . La figura épica y trágica de Yoshitsune tuvo el destino inevitable del cachorro de lobo criado entre otros lobos. Su propio hermano fue incapaz de perdonarle la capacidad de hacerle sombra, y es acierto de nuestro autor pintar el genuino desconcierto de nuestro terror ambulante-villano de la función pero no de una pieza. El maestro Tezuka decide, a pesar de todo, tomarse el asunto por su mano y utiliza a Benta para dar, finalmente, voz a los pobres herbívoros pisoteados durante milenios por generaciones de alimañas armadas. El grito desesperado de la pobre novieta Hinoe, tantas batallas forzosas antes, “no quiero, no quiero” encuentra al fin su eco en nuestro entrañable tarugo de montaña, que pasa al fin de manso a Miura y uno se queda pensando-vale ¿ A qué fin, tanto desatino, y qué derecho tiene unos pocos miles gloriosus a jugar con la vida de tantos…. miles de personas?. pero al menos, que quede una bien a gusto. Especialmente considerando que, así por las buenas, Japón iniciaba el largo camino al shogunado.

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De principio a fin, dos mundos condenados a no entenderse. El parecido con el feudalismo del siglo XII europeo no es pura coincidencia. La bondad natural y el orgullo guerrero son mala mezcla, y el maestro Tezuka nos da otra lección inolvidable-lo del fiel Sancho Panza queda muy bien de arquetipo y los samuráis en películas de Kurosawa, pero ya lo advirtió Lion Feuchtwanger en la Judía de Toledo-¿Se rió cervantes de la caballería lo suficientemente fuerte?

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