Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Hayao Miyazaki’

PrincessKaguyaCover

Escribo para denunciar robo y estafa.
Parece mentira que a día de hoy se nos haya escamoteado en España y haya pasado tan de puntillas en España esta obra maestra del estudio Ghibli. Estoy convencida, puestos a lo peor, de que una película con reconocimiento internacional en todo festival festivable, parabienes críticos y nominación al oscar de animación-perdón Academia- como es de rigor (a pesar de tener a la apisonadora Disney post Frozen barriendo para casa) cerrando su carrera, ni tan siquiera ha pasado por la gran pantalla. Lo que en “este” caso concreto resulta poco menos que una alevosía. Ya lo he dicho.
kaguya_the cutter

El cuento del cortador de bambú es uno de los textos fundacionales de la literatura japonesa. Lo asegura el prólogo de la cuidadísima edición de Cátedra y no hay motivos para dudarlo-e Aparte del silabario empleado, en él se encuentran varios motivos comunes al folklore universal incluso anteriores a la época de su fijación por escrito y familiares desde el imperio de la época Heian a la Europa de Perrault o los hermanos Grimm. (Por no decir nada del desternillante final de Naruto….o de cierta princesa del Ojo Blanco que desató la mayor pairing war que vieron los siglos). Pongamos por ejemplo una anciana pareja sin hijos bendecida de sopetón con una niña extraordinaria de origen misterioso, o la princesa inalcanzable imponiendo pruebas imposibles a un conjunto más o menos impresentable de pretendientes. Lo que aporta el cuento del vejete montañés que se encontró una princesita resplandeciente “del tamaño de un grano de mijo” dentro de un bambú es un poder de mito fundacional del tamaño del monte Fuji-literalmente. Lo que tiene esta milagrosa versión animada del “tale as old as time” es….al papá de Heidi y Marco al timón. Esto ya debería decirle todo al espectador español de edad interesante. Isao Takahata, colaborador de Hayao Miyazaki desde sus inicios en la Toei y responsable de las desventuras de la niña de los Alpes de marras, es igualmente autor de la que tiene fama de ser la película de animación del cine nipón, La tumba de las luciérnagas. Lo de este hombre es vocacional, y sobran más comentarios.

kaguya_3.0
La raíz del tojo verde…..

Takahata emplea todo su mimo, delicado arte y veteranía concretamente en “su” actualización del personaje de Kaguyahime, el regalo precioso otorgado a nuestro cortador de bambú directamente de las alturas celestes (si las cantidades de oro y vestimentas preciosas que aparecen tras al descubrimiento no fueran señales suficientes, la velocidad meteórica del crecimiento “en gracia y belleza” de la criaturita debería ser una buena pista). La Hime o princesita misteriosa de la historia disfruta, al contrario que en la narración original, de una infancia libre y salvaje en sus montaña al más puro estilo Heidi, salvo las cabras. El ritmo de la vida al paso de las estaciones, la armonía con la naturaleza y la alegría de los juegos con los chicos su pandilla, para quienes es, sencillamente, “Brotito” e incluso los amoriños primeiros terminan abruptamente cuando a su obcecado y cazurro padre se le mete entre ceja y ceja usar devolver a su Hime al lugar que le corresponde y convertir a Heidi en Adelaida, según lo que toma por imperativo divino . El cielo así lo ordena, o no habría enviado tanto oro y tantas sedas con la nena milagrosa.

kaguya 4
Canta el ruiseñor, caantaaa el ruiseñor…..

Brotito termina su existencia campesina para iniciar su adiestramiento en perfecta aristócrata de la época de la dama Murasaki.-Con impagable señorita Rottenmeier adosada y todo como profesora de buenas maneras. Una Hime no corre, incluso no camina, se desplaza suavemente arrodillada-si es imprescindible-tal es su función como parte del decorado. Una Hime no necesita cejas y no suda, porque no tiene necesidad de hacer esfuerzos. Una Hime se tiñe los dientes de negro porque no tiene necesidad de enseñar las encías como una mona. Una Hime no tiene otra cosa mejor que hacer que pasarse el día escondida tras un biombo dándole al Koto o practicando caligrafía. El resultado de semejante adiestramiento, que la desdichada parece “recordar” al platónico modo más que aprender, es colocar en el mercado matrimonial una perfecta mercancía a la que, al recibir su nombre completo “Princesa Kaguya”… acaba por venírsele encima todo el peso del patriarcado medieval- Mercancía tanto más melancólica y apagada cuanto con más afán su palurdo y bien intencionado padre adoptivo se empeña en colocarla.

kaguya-the heCK--
Papi, esto no puede ser normal

Por no decir nada de los muy individualizados y caricaturescos pretendientes de altísima cuna y turbias intenciones-la parte que sigue fielmente al cuento tradicional- a quienes la ya casadera e inalcanzable Kaguyahime impone tareas imposibles para sacárselos de encima, como buena heroína de cuento tradicional-Pero, al sentido del humor rompedor de la narración original nipona nuestra Hime es, ya para siempre, el arquetipo de la princesa que no podía reír.

kaguya suitors
Y para colmo, sin verle la cara ni una sola vez

No hay contraste más desolador que el del hada misteriosa de voz y música hechiceras oculta tras su biombo, a quien esta cuadrilla de snobs pretende como premio y la pobre Heidi-o Kaguya prisionera de sus capas de kimonono y pintura y encerrada en sus jardines artificiales. Para cuando la fama de la imposible Kaguyahime llega a los ávidos oídos del joven y marchoso emperador, se masca la tragedia.

kaguya koto

Este affaire imperial- la culminación de nuestro drama arquetípico de menosprecio de corte y alabanza de aldea – es quizá la mayor divergencia con la historia original respecto al personaje de Kaguya, pero un muy lógico final a los desvaríos del inocentón campesino que se encontró un tesoro venido del cielo y a quien el éxito de su Hime terminó por alelar definitivamente. El arrepentimiento llega al tiempo de la revelación de los altos, altísimos orígenes de la niña del bambú.

kaguya rage

Todo ello dibujado al trazo suelto y amorosamente decorado como una acuarela. La simplicidad clásica del estilo brilla especialmente en momentos extraordinarios -Kaguya, en un estallido de furia animal, llega a convertirse casi en un ideograma- Kaguya mezcla presente y pasado bailando bajo un cerezo en flor…. Los rostros pueden llegara poseer la intensidad de un grabado, la banda sonora de otro veterano del estudio, Joe Hisaishi….se eleva y en fin, quizás es este aire intemporal y casi testamentario lo que convierta a este fim-junto con “el viento se levanta” de Miyazaki, el perfecto broche o fin de fase a unos estudios que están…..en reestructuración.

kaguyasfarewell
Ah la luna la luna

Lo extraordinario del cuento de la princesa Kaguya, mito y película, es su apasionada defensa de los efímeros placeres y los inevitables dolores terrenos frente al vacío de la perfección divina-no sentir nada. Al grito indignado de la finalmente humanizada Kaguya del cuento original “Estás hablando como un insensato” cuando los seres celestiales de los que proviene le hablan del mundo impuro de aquí abajo que está a punto de olvidar, se une el de versión fílmica cuando-en dos momentos de belleza casi surreal-completa la canción tradicional de su aldea con su propia estrofa y melodía, poniendo su fe en eterno ciclo del renacimiento y pidiendo desesperadamente no ser olvidada en el mundo sublunar. Al igual que esta película, de la que tampoco somos dignos salvo para la contemplación en arrobo extático.

Anuncios

Read Full Post »


I can show you the wooooorld…..

Ay caray, qué peligro tienen las adaptaciones literarias.

Solo un maestro como Hayao Miyazaki podía sacarme de mi letargo bloguero, pero a costa de-pobrecita yo-un montón de emociones encontradas. Fue gracias al maestro y a su estudio Ghibli que una joyita del género fantasioso juvenil como es El castillo ambulante, de Diana Wynne-Jones se editara o reeditara (a saber) en España. Motivo a su vez, que yo diera con el librito-merced a una fabulosa ilustración ghibliana de cubierta-y fue, por rematarlo, lo mucho que disfruté con la dichosa novela lo que me hizo dudar años-literal y literariamente-el momento de enfrentarme a su adaptación animada.
LLegada pues al momento de la verdad-¿Me ha sido posible separar la adaptación de la obra, o la obra de la adaptación?
No, desgraciadamente-y aun reconociendo en el Castillo ambulante-película, las virtudes que como novata estoy aprendiendo a fusmear en todas las pelis ghiblianas a las que termino por hincar el diente, es decir-

1-El detalle. Dios mío, el nivel de detalle.

Festín visual es quedarse corto. La habitual primorosidad en cada fondo, paisaje, música y animación-y si hay que meter pequeños morphings, o digitalizar el celebrado y steampunkiano castillo de la historia, o unas cuantas igualmente steampunkianas batallas aéreas, pues a ello. Y qué decir de paisajes, pueblos y ciudades-inspirados en Alsacia según parece-con esa obsesión tan nipona por la Europa Bellepoquiana que les permite despepitar en la ambientación y añadir más dorados, volutas y floripondios que en una tarta vienesa y con más brío que Joel Schumacher adaptando El fantasma de la ópera.

2-El concepto del castillo ambulante-hablando de virtuosismo.

Si la autora de la novela original cocinó la historia, a sugerencia de un tierno infante, solo para jugar con la idea de este artefacto interdimensional al que solo supera en bizarría absurda la Tardis del Doctor Who, Ghibli tenía que animar el invento para que el maravillado resspetable pueda contemplar al artefacto caminando, vadeando, saltando, humeando, reagrupándose y desmoronándose a placer y con todo lujo de detalles. Qué menos.

3-Le shojo. Oh, le shojo.

Los protagonistas de este cuento, el mago misterioso, vanidoso y supuestamente despiadado Howl y la ratonil, acomplejada y trabajadora Sophie Hatter han pegado fuerte como objeto de adoración de los aficionados al cosplay y al anime shipping y no es para menos-Miyazaki se concentra con su habitual finesse en el improbable romance entre la criatura sobrenatural-y con problemas de pluma en el sentido más estricto del término-y la vecinita de al lado inmersa, sin comerlo ni beberlo, en el ataque de la metamorfosis y lo maravilloso. En este sentido, los críticos sesudos ya han comparado las peripecias de Sophie y con las de Chihiro y efectivamente la primera parte del fime, concentrada en la irrupción de lo sobrenatural en lo cotidiano-incluso cuando lo cotidiano es un mundo de cuento de hadas-resulta ghiblianamente ejemplar. El problema está en cuanto la historia deriva hacia, ecologismo aparte, las otras obsesiones de Miyazaki, obsesiones más que evidentes para alguien que se zampado La princesa Mononoke y Nausicaa del Valle del Viento casi en programa doble.

El antibelicismo. Of course.
Para nuestro hombre la guerra es el atajo más directo al infierno, atajo pavimentado impepinablemente de buenas intenciones echadas a perder …y el desbarajuste resultante necesita guante blanco y buenas raciones de “hablando se entiende la gente”. Al maestro Miyazaki le gustan los tonos grises y el aturullamiento al que conduce demasiada gente creyéndose con la razón de su parte. El problema está en que para colocar “el mensaje” en la chispeante novela de Wynne Jones, Miyazaki ha tenido que recurrir más que al calzador, a la apisonadora. Para resumir, el filme de Miyazaki, aun utilizando en líneas generales el planteamiento, premisa, parte del mensaje-y castillo-ideados por la autora, tiene su propia agenda, y en ella se diluye y cae víctima una de las mejores bazas del libro-el humor británico irónico-por no decir paródico de las convenciones del género- y su sano sentido del regodeo.
Así pues, respetando la propia entidad de este Castillo ambulante como película con su específico tratamiento de la historia y personajes, un buen surtido de momentos Nescafé extraordinarios y el siempre eficiente lirismo miyazakiano (hay un par de escenas oníricas que son lagrimables de puro sublime), como adaptación-versión libre-“inspirado en” el film resultante no puede librarse del peligro de dejar al purista meneando la cabeza y refunfuñando-“No era esto, no era esto”.
Aplicando a Howl el chiste de las cabras mordisqueando respecivamente una novela y un rollo de celuloide, me reconozco en el campo de “El libro está mejor” .

Comenzando en el mismo tratamiento de la pareja protagonista.

“Este encantamiento tiene varias capas”

En un cenicientoide país de cuento de hadas, la seria y responsable Sophie Hatter se aplica con afán a su tarea de sombrerera mientras el resto de las chicas del taller corretean y comentan alteradas y revolucionadas la aparición en la ciudad del castillo ambulante y su misterioso propietario el mago Howl, del que se afirma que devora el corazón de las mozas casaderas, o su alma, o en definitiva, algo supuestamente terrrible, pero emocionante.. El caprichoso destino, como no podía ser menos, se encarga de que en un mismo día a Sophie la lleve en volandas-o más bien en un vuelo de reconocimiento aéreo- un sofisticado rubio de ojos brillantes, que la deja flotando en el aire a todos los efectos- y, a consecuencia directa de ello, reciba en su tienda la visita inesperada de la maligna-y celosa- Bruja del Pantano. La cual no tarda ni estas en hechizar a Sophie transformándola en una momificada nonagenaria. A la heroína no le queda otra que desaparecer discretamente para buscar un remedio a su maldición y un adecuado refugio a sus penas “invitándose” al ominoso castillo peripatético del mago Howl y sobornando a su maquinaria oculta (o más bien bombona de butano parlante), el demonejo de fuego Calcifer- ouch, estos japoneses y su gusto por las monerías chibi-.Calcifer se ofrece a liberar a Sophie de su maldición si ella, a su vez, deshace el contrato que une al diablete con el mago Howl y el castillo.Teniendo en cuenta que ni Sophie puede revelar voluntariamente su hechizo, por maldición, ni Calcifer, por contrato, los términos de su ligazóm , la tarea se antoja como un día sin pan. En ello se juega el futuro de Sophie,el misterio del paradero del corazón de Howl y la misma estabilidad del reino de Ingary.
¿Qué tiene que perder, de todos modos?
Y aquí, basicamente, comienzan las divergencias entre novela y película. A partir de aquí, centrémonos en spoilers a tutiplén y en lo que considero semejanzas y diferencias fatales entre los Howl y Sophie de Miyazaki y las criaturas originarias de Wynne Jones.

Sophie Hatter

Lo que Miyazaki hizo bien: La falta de auto estima y la cabezonería. Sophie es la mayor de tres hermanas y tiene una madrastra, luego según las reglas de los cuentos de hadas “todo el mundo sabe que serás el primero en fracasar, y de la peor forma, si los tres salen en busca de fortuna”. Sophie es un personaje brontiano, torbellino bajo capa modosa, en su represión auto impuesta y en el fondo una olla express adolescente a punto de estallar. Tan convencida está de su grisura que gris es el color de su vestido,”ratita gris” la llama Howl en su primer brevísimo encuentro y su reacción en la novela al contemplarse en el espejo una vez hechizada es….de tranquila resignación, no del shock mostrado en la película. ” Este aspecto se parece más a quien realmente eres”, se dice a sí misma.”Este vestido gris me va bastante”, añade para rematarlo. Es más que obvio que Sophie ya está “hechizada” mucho antes del embarazoso incidente con la bruja-y su determinación tozuda en ceñirse a la idea que se ha hecho de sí misma es digna de un poema . Por supuesto, la verdadera Sophie aflora en cuanto le cae encima la maldición y se convierte en la ancianita más cañera, hiperactiva y entrometida que vieron los siglos, dedicada en cuerpo y alma en poner patas arriba el desorden y guarrería del Castillo ambulante a golpe de escoba y portar el caos a la vida de sus desdichados habitantes, Howl, Calcifer y el aprendiz Michael-en la película, un parvulillo de cinco años, no podía ser de otro modo.. Miyazaki ahonda en la idea de una Sophie que encuentra en su estado de anciana el disfraz perfecto haciendo que sus arrugas y su apariencia grotesca se difuminen o incluso desaparezcan momentaneamente cuando Sophie “pierde la concentración”, por así decirlo, hasta que se encuentra siendo el centro de atención y el “disfraz” reaparece. Esta claro que esta niña estaba esperando como agua de mayo la ocasión de desmelenarse-incluso si la propia Sophie preferiría someterse a tortura antes de reconocerlo.

Donde Miyazaki se queda corto-La mala leche. Ante todo, las malas pulgas. La Sophie de la novela es lo menos parecido a una heroína-sacarina dickensiana siempre dispuesta a las virtudes de la existencia relativa….por mucho que a ella misma le gustaría creerse tan resignada como la pequeña Dorrit. A decir verdad, Sophie es arrebatada, y tiene un temperamento de mil pares de demonios- de fuego o no-y es una auténtica pena que Miyazaki optara por dulcificar el cuerpo a cuerpo verbal entre el mago Howl-dueño de una paciencia casi infinita e inaudita en lo que a esta viejecilla enloquecida se refiere- y Sophie, y esto incluye el disparatado proceso de enamoramiento de, recordemos,una heroína con los achaques propios de sus 90 inviernos que de pronto se encuentra protagonizando “Harold y Maude”. Y celosa, apasionadamente celosa, sin que, en ese punto de la novela,Sophie recuerde su edad “actual”, o que debería sentirse escandalizada, a sus años. La Sophie Miyazakiana es demasiado obvia en su deslumbramiento-aunque igualmente cabezota como para admitirlo.
Y un último punto fundamental-La Sophie de la novela, como sospechamos en cuanto la vemos dominando a Calcifer, a Howl, y hablando constantemente a objetos inanimados….es, ella misma, una hechicera natural de poderes insospechados por ella misma (por variar).

Howell Jenkins

El único momento en el que el Howl de la película y el de la novela coinciden-“Y yo con estos pelos” o “Qué has hecho, desgraciada”
El Horrible Howl, El mago Pendragon, el brujo Jenkin…para qué seguir.Si hay alguien que se pirra por ser el centro de atención, ese es Howl. Aquí tenemos otro caso de personaje a la fuga de sí mismo, escondido bajo una capa voluntaria de “glamour” hechiceresco para jugar al “como le gustaría verse -ser visto por los demás”. Y voilá, esto es en lo único que coinciden el Howl miyazakiano y el Howl novelesco.Ah sí, y que en ambos casos se trata de un poderosísimo hechicero, cobarde, vanidoso y autoindulgente. O que quiere convencerse a sí mismo de que es cobarde, vanidoso y autoindulgente por imagen, si hablamos de la película, y por pura vagancia, si lo hacemos de la novela. En este caso no pudo haber transición cultural posible y bien que lo siento, porque el Howl película es una criatura fantástico-mística en peligro constante de perder su humanidad y convertirse en una espantable arpía masculina debido a sus heroicos esfuerzos por parar una guerra absurda entre dos paises.El Howell Jenkins de la novela es,…(atención al spoiler porque esto explica mucho del personaje tal y como lo vio la autora…) de Gales. Y con eso ya está dicho casi todo. Punto de genialidad extra para la autora por convertir esa parte de la Gran Bretaña en uno más de los espacios míticos a los que está conectada una de las puertas del castillo y a su Howl en precursor de las versiones más recientes del Doctor Who, versión Matt Smith o David Tennant.. Mejor aún-“Howl” es un veinteañero británico de los 80, lo que da sentido doble a su gusto por el “glam” para su disfraz público y aumenta en igual medida la hilaridad del personaje. Que es un drama queen de mucho cuidado, temperamental como buen celta-capaz de cubrir el interior del castillo en asqueroso limo verde en un berrinche por un quítame allá estos pelos, o convertir un catarrazo en algo….épicoperístico- y aficionado a jugar al rugby y la cerveza.En lo único que no sigue el tópico es que no se le da bien cantar a coro, no se puede tener todo, pero solo su primera reacción al recobrarse de la consabida situación de vida o muerte-“Por amor de Dios, qué resaca tengo” nos demuestra que para visualizarlo en carne mortal necesitaríamos a un Richard Burton joven o a cualquier actor galés vivo de nombre impronunciable, Rhys Ifans si tiramos por el desfase, o bien Ioan Gruffudd, Matthew Rhys o Aneurin Barnard si vamos por versiones más convencionales.

O-editado esto el 6 de diciembre-Daniel Ings, actor de aspecto convenientemente galés aunque no lo sea, elegido perfectísimamente para ser Howl en la refundición para niños de la Southwark playhouse en 2011.

howl´s moving castle

howl hooting
Gurl, please… I´m fabulous
Vaaale, esto ya es algo más aproximado.Y sí, la Sophie joven de la novela es pelirroja. Eso también es inevitable, aunque solo se nos revele al deshacerse de su ancianidad encantada.

Como símbolo de las diferencias entre el Howl de Miyazaki y el de Wynne Jones-el Howl ghibliano es todavía mas bishie, chihiriano y jovencito sin su disfraz glamouroso que en su versión “pública”.(::::::::::)

Alto ahí, se me dirá-¿Estás insinuando por un casual que en el caso del castillo ambulante Miyazaki bajó el listón o no tiene bastante entidad como historia independiente?
Jamais de la vie, y ahí está la puntuación general de la película en el IMDB o la cantidad de fan art encontrable flotando por todas partes. La misma novela, por ejemplo, abusa de la comedia de enredo basado no solo en magia, sino en percepción y punto de vista-no solo Howl y Sophie, en un momento determinado casi nadie en la novela es lo que parece o dice ser, con el caos subsiguiente.La película tiende al romanticisnmo, el melodrama suave y la potencia visual.
Podrá decirse que, la próxima vez, tendré que dejarme el libro en casa-y estoy pensando en lo que Miyazaki junior, Goro, habrá hecho con algo todavía más peliagudo como las Historias de Terramar de Ursula K. Leguin. Juro que no releeré una sola página antes de hacerme con la versión Ghibli. No volvamos a empezar, que me conozco.

Read Full Post »

Lo que son las cosas-ya ni recordaba cuánto me había impresionado La princesa Mononoke (1997), el mascarón de proa de Hayao Miyazaki y su estudio Ghibli, hasta que la revisión de turno me permitió comprobar la cantidad de imágenes que “se me habían quedado grabadas” -todo un mérito para alguien con la memoria visual de un carpín dorado. El mismo poster japonés ya es todo un icono. La chica de película-que ni es princesa ni se llama Mononoke-mirando desafiante, faca albaceteña en ristre, los morritos ensangrentados y, junto a ella, un pedazo de lobo blanco capaz de dejar a los huargos de Juego de tronos-especialmente los chuchis de la serie-temblando de pavor como patéticos chihuahuas.
Ideal como emblema de girl-powah animado, creo yo. Y justo por la misma época en la que la Mulan de Disney se cortaba la melena y partía a hacer la mili para salvar China-y, de paso, saltar la Gran muralla y cortejar para la Company al coloso asiático. Resalto a Mulan y lo de la época porque, en operación inversa, fue la por aquel entonces filial adulta de la Disney, Miramax, la encargada de introducir Mononoke Hime en el otro gigante inasaltable e impermeable, el mercado americano, con resultados decepcionantes para un film que costó un riñón o dos.
Y resalto esto tan espinoso y ambiguo del “girl power”. Si Mulan desató controversia por realizarse como mujer disfrazándose de chico…¿Qué pensará la correctez política de la Princesa Mononoke, la niña que quería ser un lobo?

Viene a cuento el asunto porque si el tema por excelencia de Mononoke es la ausencia de la armonía y la disrupción del orden natural de las cosas, lo más curioso de la historia es que, por una vez, las encarnaciones del tal conflicto-que no es un simple drama de gineceo, sino una alteración del equilibrio del mundo- son dos arrojadas mujeres… y la voz de la cordura zen y el encargado del-muy desagradecido-papel de mediador nato que simpatiza con las dos partes y sólo quiere lo mejor para todos sea el protagonista masculino, el valiente Ashitaka.

Ashitaka el arquero es un príncipe Emishi, al parecer una cultura aborigen japonesa que al comenzar la historia lleva 500 años oculta y separada de la organización imperial. Como futuro líder, es su tarea acabar con un terrorífico jabalí-demonio del tamaño de un panzer y cubierto de gusanos viscosos que estaba a punto de arrasar su aldea, pero en la refriega, el brazo de nuestro héroe queda herido e infectado por el odio asesino del monstruo. Marcado por la maldición cual Larry Talbot y destinado a morir consumido por ella entre dolores atroces a medida que se extienda por su cuerpo, Ashitaka abandona para siempre a los suyos y por consejo de la chamán de su aldea, decide aceptar su destino “con el alma vaciada de odio” y marchar al oeste para averiguar el orígen de la misteriosa “bola de hierro” alojada en el cuerpo del dios jabalí que enloqueció a la bestia hasta convertirla en un demonio sediento de sangre. Por supuesto que estar maldito tiene también sus pequeñas ventajas-dejarse llevar por la ira refuerza y acelera la labor destructora de la infección, pero otorga a Ashitaka superpoderes cg- gusaniles tan efectivos como vistosillos cuando a nuestro mocín le toca vender cara su piel.

A la película no le tiembla el pulso a la hora de mostrar decapitaciones y mutilaciones surtidas. Ashitaka su arco y sus gusarapos tienen mucho que ver en ellas.

La historia de héroe marcado y desterrado, de fuerzas naturales y animalazos primigenios adorados como dioses no puede tener, como vemos, un resabio más mítico-arcaico-arcádico. A lomos de Yakul, su brioso ciervo-antílope-lo que sea, Ashitaka va a toparse con la modernidad en lucha constante con el mundo intemporal. Modernidad que viene en forma de atareados lugareños, acosados tanto por samurais de rapiña a las órdenes del señor feudal de turno-nunca puede faltar un noble que robe más de la cuenta, diría muñoz seca-como por los señores y dioses del bosque. Entre ellos, una manada de lobazos níveos tamaño percherón, una mamá lobo tres veces mayor que su camada, y San, su hija adoptiva humana. La entrada de la fiera de mi niña en la vida de Ashitaka, lamiendo y sorbiendo la sangre de las heridas de mamá lobo con gesto de echar un muerdo al primero que se acerque es lo más definitorio que he visto desde que Galdós introdujera a su Fortunata engullendo la yema de un huevo crudo.

GRRRRR- I´m a woman, hear me roar

Esta dulce criatura es, Kami nos valga, la chica de la función. Ashitaka la encuantra preciosa. Ella, sencillamente, ni siquiera se considera humana, sino loba y, efectivamente, no hay casi ninguna reacción convencional en esta animalizada chiquilla. Incluso sus gestos tiernos-lamer heridas o, en su acto más memorable, desgarrar masticar cecina para alimentar boca a boca a un Ashitaka moribundo-son lo más indomable posible, dentro de lo que cabe. Por otra parte, Miyazaki acentúa la condición de “ni carne ni pescado” de San evitando la mogwlización completa de su criatura-es bípeda, va vestida -camuflada con pieles de lobo, lleva tatuajes faciales como los del clan Inuzuka de “Naruto” y una máscara de combate que ni el Jason de Crystal lake. San es ante todo, una jovencita airada y enfurecida contra los humanos depredadores y usurpadores. Para los lugareños es la “princesa Mononoke”, el espíritu vengador del bosque y la montaña, y para la sabia diosa Lobo Moro, su querida hijita fea. La causa de la furia de San es la bruja malvada del cuento, lady Eboshi, el personaje más intrigante-en el doble sentido- de la película.

Donde pone el ojo, pone la bala.

Lady Eboshi, villana con iniciativa y visión de futuro-una mezcla entre Virgen Juramentada, Mujer Terible en la Ira y Seño Asesina muy al estilo de las féminas formidables de Hiromu Arakawa o la Tsubasa Nishikiori del Mazinger Z, representa la falta de escrúpulos y voracidad ilimitada de la humanidad civilizada. Tolkien la odiaría, mismamente, porque nuestra doña Bárbara nipona sería capaz, ella solita, de llevar a cabo la destrucción de la idílica Comarca Hobbit para montarse la primera revolución industrial. De hecho, Lady Eboshi está arrasando la montaña y los bosques ancestrales en beneficio propio y de su Ciudad de Hierro, aldea-fundición que controla con garras de seda sin que nadie ose ni toserla, sin encomendarse a los dioses o a los demonios, y sin ceder al odio de las fuerzas ancestrales del bosque ni al chantaje inevitable del señor feudal del distrito, que emplea a sus samurais para acosarla. Eboshi es, en suma, la personificación de todo lo que nuestra Hija de Lobos San aborrece y ha jurado matar. Ashitaka no es tan rápido en el “que el cielo la juzgue” porque, implacable como es, la señora ha comprado los contratos de los burdeles de la zona, liberado a las furciucas locales, y las ha convertido en sus trabajadoras especializadas. Lo que es más, Eboshi ha acogido en su jardín, atendido e incorporado en sus fuerzas operarias especiales a los leprosos del lugar y diseñando con ellos mosquetes ligeros, ha convertido a sus chicas en tiradoras de élite. Y todo ello mientras los rosmones hombres del poblado se dedican al transporte de hierro o de provisiones y a ser cebo viviente de lobos o samurais, según caiga el día. Y con todo el mundo encantado de la vida-los leprosos adorándola como a una santa y las chicas, muy en espíritu de pioneras del far west, decididas a dejarse la piel en la fundición antes que volver a la triste vida alegre del mundo flotante. Cosas de obtener respeto, así a lo tonto, Lady Eboshi está a punto de instaurar un matriarcado.

Eboshi y sus comandos de maris de élite

La “princesa Mono9noke” y la señora Eboshi son dos fuerzas antagónicas en desorden y colisión que el voluntarioso Ashitaka debe empeñarse en conciliar-aunque para ello deba separalas incluso físicamente para evitar agarradas… y recibir patadas y malos modos de todas partes. Los mundos del bosque y la ciudad del hierro amenazan con destruirse mutuamente por la codicia y la falta de escrúpulos de Eboshi por un lado, y la furia ciega de San, sus hermanos de camada y otras fuerzas naturales desatadas (como los muy miyazakianos dioses-jabalí) por el otro. En el momento culminante de la historia y a falta de ents justicieros, San no duda en responder al desafío de Eboshi y en ayudar a las deidades porcinas en lo que Kipling llamaría “dejar entrar la selva” mientras que es el vapuleado Ashitaka, el libre de odio pero con los momentos contados a medida que su marca maldita lo deja seco, el encargado de padecer experiencias místicas y un renacimiento espiritual con el auténtico rey del bosque y señor de toda la vida, justo en el momento en el que una acorralada Eboshi pacta con el emperador y se dispone a cometer la blasfemia definitiva.


La carga de la jabalinada ligera-la forma más eficaz de hacer beicon

Lo más destacable de Mononoke, con tanta épica, áulica y mensaje ecologista, es la enorme sensación de frescura, encanto artesanal-incluso con los toquecitos computerizados, los filmes miyazakianso siempre lucen primorosos y tiernos como el pan de Cádiz, violencia y todo-y la sensación casi infantil de maravilla igualmente marca de fábrica. Nada como un poco de mitología japonesa y el toque personal del director para evitar lo que, en manos occidentales, hubiera acabado siendo un Pocahontas o Avatar del montón. En Mononoke nada es blanco o negro, nadie posee la verdad definitiva, hasta los dioses pueden convertirse en demonios malévolos si el odio les consume, un dios de la vida puede convertirse en un shinigami de la muerte, los marginados pueden valerse por sí mismos y las niñas no sólo no quieren ser princesas, ni tan siquiera desean ser humanas. Incluso el timidísimo conato de romance entre San y su admirador Ashitaka-si quieres evitar que una chica te rebane el pescuezo, échale un piropo-hace poco por convencionalizar a la indómita. En “Mononoke”, la frontera entre lo natural y lo sobrenatural, lo divino y lo monstruoso, la bondad y la maldad o lo humano y animal es tan fina e inquietante como los kodama, los geniecillos con cabecita de sonaja que certifican el grado Muniellos de limpieza-habitabilidad de un bosque.
Todo un clásico.

Read Full Post »